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RESUMEN | 'Un tren a ningún lugar' de Norma Huidobro

Un tren a ningún lugar, de Norma Huidobro, es una novela de misterio que conecta el pasado y el presente a través de una antigua casa, un cuadro inquietante y un tren que ya no debería existir. Cuando Lara y su hermano se mudan a una propiedad heredada en Adrogué, una serie de extraños descubrimientos la lleva a investigar la historia de Julia Brown, una mujer que, muchos años atrás, presencia una escena aterradora desde el último vagón de un tren.


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La casa – Capítulo 1

La narradora cuenta que, cuando ella y su hermano mellizo Nahuel cumplen dieciocho años, su madre considera que ya son adultos y puede dejarlos vivir solos. Su padre había abandonado a la familia cuando ellos eran bebés para irse a México y, tiempo después, había muerto en un accidente automovilístico.

En ese momento, los hermanos heredan de un pariente lejano una enorme y antigua casa en Adrogué, rodeada por un jardín y ubicada cerca de las vías del tren. Su madre decide que los jóvenes se muden a la propiedad heredada, ya que ella planea viajar a Toronto para reunirse con Derek, su novio alemán. 

Los hermanos se adaptan rápidamente a su nuevo hogar. Nahuel viaja todos los días a la ciudad de Buenos Aires, donde estudia Artes Plásticas y da clases de pintura junto con Máximo, su mejor amigo. Lara, la narradora, consigue trabajo en un vivero cercano. Todavía no sabe qué carrera quiere estudiar, pero disfruta de la tranquilidad del barrio, del jardín y de los numerosos libros que encuentra en la biblioteca de la casa. 

Cuatro meses después de la partida de su madre, los mellizos cumplen diecinueve años y organizan una gran fiesta. Máximo bebe demasiado y se queda dormido en un sillón, por lo que Nahuel y otro amigo lo llevan al “último cuarto”, una habitación ubicada en una especie de altillo.

A la mañana siguiente, Máximo pregunta cómo pueden soportar el ruido del tren. Cuenta que lo escuchó pasar muy cerca de la ventana y que su silbato suena como una sirena. Los hermanos se sorprenden porque el tren eléctrico apenas se oye desde la casa y nunca escuchan un silbato. Por eso, creen que Máximo tuvo una pesadilla provocada por la mezcla de bebidas.

Esa noche, mientras recuerda lo sucedido, Lara piensa en un cuadro que se encuentra en la biblioteca. Baja para observarlo y descubre que muestra un antiguo tren oscuro que avanza en medio de la noche. Al mirar con más atención, nota que una sola ventanilla del último vagón está iluminada. Detrás del vidrio aparece una pequeña figura femenina con las manos levantadas, la boca abierta y los ojos desmesurados. La mujer parece estar completamente aterrorizada y le recuerda a la figura de El grito, de Edvard Munch.


La casa – Capítulo 2

El lunes por la mañana, antes de ir al vivero, Lara regresa a la biblioteca para observar el cuadro con luz natural. Siente que esa figura le recuerda algo del pasado, aunque no logra descubrir qué.

Al acercarse, encuentra la firma “Teo” en una esquina de la tela y se pregunta si el autor puede ser Walter Teodoro Segovia, el pariente que les dejó la casa, o alguno de sus antepasados. Como no aparece ninguna fecha, decide investigar entre los documentos guardados en la biblioteca y en el último cuarto. Allí ya encuentra algunas fotografías antiguas, pero ninguna tiene nombres ni fechas que le permitan identificar a las personas retratadas.

En la biblioteca también hay un armario lleno de facturas, comprobantes de pago y otros papeles acumulados durante muchos años y se propone examinarlos cuidadosamente para averiguar quién es Teo y qué relación tiene con el misterioso tren.

Luego recuerda cómo consiguió su trabajo en el vivero pocas semanas después de mudarse. Un día, mientras plantaba dos malvones que Máximo les había regalado, sintió que alguien la observaba desde la calle. Al levantar la mirada, vio detrás de la reja a un hombre acompañado por una mujer en silla de ruedas.

El hombre se presenta como Sergio, uno de los vecinos de enfrente, y le dice que la mujer es Alba, su esposa. Ella tiene alrededor de cincuenta años, lleva el cabello largo y oscuro y mantiene una sonrisa casi inmóvil. Apenas abre sus ojos verdes y no la mira directamente. Sergio también cuenta que había conocido muy bien a Walter, a quien describe como un hombre culto, aficionado a la lectura y muy generoso con Alba.

Después, Sergio le explica que él y su esposa tienen un vivero comercial, pero que su empleado se va y necesitan encontrar un reemplazo. Le pregunta a Lara si conoce a alguien interesado. Ella, sorprendida por su propia decisión, responde que le encantaría trabajar allí. De esta manera, comenzó a trabajar en el vivero al día siguiente.


La casa – Capítulo 3

Después de regresar del vivero, Lara, comienza a revisar los papeles de la biblioteca otra vez y luego descubre la llave de los cajones del escritorio dentro de una caja de madera.

En los cajones encuentra carpetas y cuadernos con dibujos antiguos de animales, plantas, frutas y rostros humanos que muestran expresiones de terror muy parecidas a la de la mujer del cuadro. Lara supone que los dibujos y la pintura pertenecen al mismo autor. Mientras vuelve a observar el cuadro, siente que la mujer la mira desde la ventanilla y se asusta.

Nahuel entra en la biblioteca y Lara le cuenta sobre la firma “Teo”, los dibujos y la mujer del tren. Él también nota el parecido con El grito, pero no comprende por qué su hermana quiere descubrir la identidad del pintor. Lara le dice que el comentario de Máximo sobre el tren despertó su curiosidad. Sin embargo, Nahuel le pide que abandone la investigación porque Máximo está por buscarlos para estrenar su nuevo automóvil.

Antes de salir, Lara no puede controlar su curiosidad y abre los últimos cajones del escritorio. En uno encuentra un cuaderno de tapas duras que parece ser un diario personal. La primera anotación está fechada el 25 de abril de 1998.

En esa entrada, el autor cuenta que su madre está enferma y que utiliza el cuarto del último piso como refugio para leer y alejarse por un momento de esa situación. Dice que una noche se quedó dormido allí y despertó sobresaltado por el estruendo de un tren. Aunque el ruido le pareció real y aterrador, cuando mira por la ventana no ve nada. Además, explica que ningún tren puede pasar por ese lugar porque el antiguo ramal deja de funcionar unos cincuenta años antes. Finalmente, expresa su deseo de poder contarle lo sucedido a una mujer llamada Julia.


La casa – Capítulo 4

Lara queda muy impresionada por la primera entrada del diario. El tren que Walter escuchó en 1998 ya resultaba imposible en esa época porque el antiguo ramal dejó de funcionar unos cincuenta años antes. Sin embargo, casi veinte años después, Máximo oye el mismo estruendo mientras duerme en el cuarto de arriba.

Cuando Máximo toca el timbre para salir con los hermanos, Lara lleva el diario a su habitación y decide continuar la lectura cuando regrese. Por un momento siente que la casa y el cuaderno esconden un secreto que la atrae cada vez más. Incluso imagina que la vivienda puede apoderarse de sus habitantes, como sucede en las películas de terror, pero enseguida intenta tranquilizarse.

En una entrada del 28 de abril de 1998, Walter cuenta que volvió a pasar la noche en el último cuarto, aunque esta vez no escuchó el tren. También menciona la grave enfermedad de su madre y explica que la lectura lo ayuda a soportar ese momento. Luego se dirige nuevamente a Julia y afirma que cree en su relato: ella le había asegurado que viajaba en el último vagón de ese tren.

En la entrada del 15 de mayo, Walter escribe que su madre murió una semana antes y que ahora se encuentra completamente solo. Recuerda que, cuando él era joven, había visto a su madre entrar a escondidas en el cuarto de arriba, a pesar de que su padre aparentemente le prohibía hacerlo. Por eso, se pregunta si ella también escuchó el tren alguna vez.

Walter también revela que él pintó el cuadro después de recibir una carta de Julia. Sin embargo, su padre le quitó la carta y la quemó delante de él. Walter realizó la pintura en secreto y la escondió durante muchos años arriba de un ropero. Recién cuando su padre murió y su madre quedó enferma en cama, se animó a colgarla en la biblioteca. En el cuadro representó a Julia como una prisionera dentro del último vagón de un tren que se dirigía hacia ningún lugar.

La última entrada, del 22 de diciembre de 1998, no aporta nueva información sobre el misterio. Walter se muestra feliz porque tiene todo preparado para realizar un extenso viaje por Europa.

Al regresar de la salida con Máximo, Lara lee el diario junto con Nahuel. Los dos comprenden que Walter pintó el cuadro y que Julia es una mujer real, pero todavía no saben quién es ni qué le sucede en el tren. Lara queda especialmente inquieta por la palabra “prisionera” y siente la necesidad de descubrir qué decía la carta que el padre de Walter destruyó y cuál es el secreto que heredaron junto con la casa.


La casa – Capítulo 5

Aunque todo comenzó cuando Máximo escucho el tren, él es quien menos se interesa por el misterio. Durante un almuerzo con los hermanos, sostiene que el cuadro es simplemente feo y que la mujer del vagón es producto de la imaginación de Walter. Para él, Julia probablemente es una mujer relacionada con la familia, a quien Walter idealiza desde pequeño.

Lara le recuerda que tanto él como Walter escucharon el mismo tren en el último cuarto. Sin embargo, Máximo considera que lo suyo es una pesadilla causada por el alcohol y que Walter tiene una alucinación provocada por la soledad y por algún episodio de su infancia. Por eso, le aconseja a Lara que deje de investigar.

Lara no puede demostrar que Máximo está equivocado, pero siente que el misterio de la casa tiene alguna relación con ella. A veces experimenta la extraña sensación de que conoce ese lugar desde siempre y de que nada de lo que sucede allí le resulta completamente ajeno, aunque no logra explicarlo.

Durante esos días, Lara comienza a trabajar más horas en el vivero. Allí observa que Alba, a pesar de su enfermedad y de utilizar una silla de ruedas, realiza muchas tareas pequeñas: retira hojas y flores marchitas, limpia las plantas, ordena las semillas y busca posibles plagas. Su trabajo parece casi invisible, pero es fundamental para mantener el lugar en buenas condiciones.

Un lunes, Sergio le informa que Alba sufrió una recaída grave y que, por recomendación médica, ya no podrá ir al vivero. Poco después, Lara nota el desorden y la suciedad que provoca su ausencia. Como Sergio todavía no encuentra otro empleado, le pide que trabaje dos horas más por día y ella acepta.

El viernes de esa semana llueve intensamente y Sergio lleva a Lara hasta su casa en la camioneta junto con su bicicleta. Al llegar, le presta un paraguas para que pueda atravesar el jardín sin mojarse. Antes de entrar, Lara mira hacia la casa de sus vecinos y descubre una ventana iluminada en el piso superior. Detrás de la cortina observa una sombra que se mueve lentamente y luego desaparece.


La casa – Capítulo 6

El domingo, Nahuel sale y Lara se instala con un libro en el último cuarto. Después de leer durante aproximadamente una hora, cierra los ojos y se queda dormida sin proponérselo. Al despertar, no logra recordar claramente lo que soñó, excepto dos cosas: una ventana abierta hacia la oscuridad de la noche y un suave tintineo.

El sueño le hace recordar la carta de Julia que el padre de Walter quemó. Lara baja a buscar el diario y relee en voz alta la parte en la que Walter explica el origen del cuadro. Entonces descubre un detalle que antes pasa por alto: Walter no habla simplemente de una carta, sino de “la primera”. Por lo tanto, Lara deduce que Julia probablemente envió otras cartas.

La joven se pregunta nuevamente quién es Julia y qué le sucede en el tren. No sabe si la mujer pedía ayuda por estar atrapada en el último vagón o porque observaba algo aterrador a través de la ventanilla. También piensa que, si existen otras cartas, Walter debió esconderlas muy bien para evitar que su padre las encontrara y destruyera.

Como Walter escondió el cuadro durante años en su dormitorio, Lara supone que las cartas pueden estar en esa misma habitación, que ahora pertenece a Nahuel. Sin esperar el regreso de su hermano, lleva un banco con escalones y revisa la parte superior del ropero. Después busca debajo del ropero, la cómoda y las mesas de luz, pero no encuentra nada.

Lara comienza a sentirse ridícula por buscar unas cartas cuya existencia ni siquiera puede confirmar. También se pregunta por qué le importa tanto descubrir un secreto relacionado con personas que nunca conoce. Sin embargo, siente que el cuadro exige una explicación y que, para encontrarla, debe continuar investigando el pasado.

La indiferencia de Máximo también la molesta, especialmente porque él escuchó el tren en el último cuarto. Lara considera que su amigo es demasiado racional y que siempre intenta encontrar una explicación lógica para todo. Finalmente, abandona momentáneamente la búsqueda, se prepara un té y decide que el fin de semana siguiente se ocupará de trasplantar unas azaleas al jardín.


La casa – Capítulo 7

El domingo siguiente, Lara lleva las azaleas al jardín delantero para trasplantarlas. Mientras trabaja, Sergio y Alba se acercan a la reja. Sergio nota que Lara no utiliza humus de lombriz y le explica que debe colocarlo en el mismo momento del trasplante. Como ella ya no tiene, él decide ir a buscar una bolsa a su casa.

Antes de marcharse, Alba abre completamente los ojos y mira directamente a Lara. Por primera vez, su mirada parece tener vida y demuestra que es consciente de lo que sucede a su alrededor. El breve contacto entre ambas desconcierta a Lara, quien hasta ese momento considera a Alba una mujer casi ausente. Además, siente que hay algo extraño e inquietante en la manera en que la observa.

Sergio regresa solo, le entrega el humus a través de la reja y le explica cómo utilizarlo. Sin embargo, Lara apenas lo escucha porque continúa pensando en los ojos de Alba. Cuando Máximo anuncia desde la casa que el almuerzo está listo, Sergio se despide y vuelve a su hogar. 

Después del almuerzo, mientras Máximo y Lara ordenan la cocina, él le advierte que Sergio está intentando conquistarla. También señala que el hombre es extraño, mucho mayor que ella y, además, está casado. Al principio, Lara cree que se trata de una broma, pero Máximo afirma que habla en serio y le pide que tenga cuidado.

Lara niega que Sergio tenga intenciones románticas y se enfurece con el comentario de Máximo. Incluso, antes de abandonar la cocina, le responde que Sergio no es tan viejo. Durante varios días permanece molesta con su amigo, aunque intenta disimularlo para que Nahuel no lo note. Finalmente, su enojo desaparece y la amistad entre ambos continúa como antes, pero ninguno de los dos vuelve a mencionar a Sergio.


La casa – Capítulo 8

Pasan las semanas y Sergio todavía no contrata a un nuevo empleado. Por eso, las horas adicionales de Lara aumentan y ella casi no tiene tiempo para estar sola. Aunque disfruta de la compañía de Nahuel y Máximo, extraña la tranquilidad que tenía antes. Nahuel nota su cansancio y le aconseja que le pida a Sergio que encuentre pronto un reemplazante.

Lara le pregunta a Sergio si Alba puede regresar al vivero. Él le explica que su esposa está mucho más grave de lo que parece: años atrás le extirparon un tumor cerebral y eso provoca su estado de ausencia e indiferencia. Además, ahora tiene una enfermedad cardíaca y necesita permanecer tranquila en su casa. Sin embargo, Lara sospecha que Alba comprende más de lo que su marido cree.

Una tarde, Sergio debe entregar unos árboles y le pide a Lara que se quede una hora más. El vivero se llena de clientes y ella termina trabajando mucho más tiempo del previsto. Cuando Sergio finalmente regresa, se disculpa por la demora y decide llevarla a su casa porque ya es de noche. Durante el viaje, la felicita por su habilidad para atender a los clientes.

Al llegar, Sergio promete entrevistar a dos posibles empleados. También habla de lo que les conviene a “los dos”, como si Lara fuera su socia y no solamente su empleada. Mientras ella entra en su casa, vuelve a observar una silueta detrás de la ventana de Alba. Esta vez distingue una mano que aparta la cortina y siente que la mujer los está espiando.

Sin embargo, Sergio continúa retrasando las entrevistas y Lara está cada vez más agotada. Entonces le propone llevarla todas las tardes hasta su casa para evitar que regrese caminando o en bicicleta. Ella no sabe cómo negarse y acepta. Finalmente, diez días después, comienza a trabajar Agustín, el hijo de un amigo de Sergio.

Durante esos días, Sergio lleva a Lara a su casa todas las noches. Cada vez que llegan, ella observa la ventana iluminada, la cortina levemente apartada y la silueta de Alba. Aunque no puede ver sus ojos desde la calle, está convencida de que la mujer la vigila. Una noche, la figura parece estar de pie, por lo que Lara comienza a preguntarse si Alba puede levantarse de la silla o si hay otra persona dentro de la casa.

La relación entre Lara y Sergio también se vuelve más cercana. Él le habla del amor que siente por su esposa y de los cuidados que le brinda desde que enfermó. Lara comienza a sentir ternura y admiración por él. Además, se siente más cómoda trabajando sin la presencia de Alba, ya que la mujer siempre le provoca la sensación de estar siendo observada.

Un mediodía, Sergio invita a Lara a almorzar a solas en un restaurante de Burzaco porque su cuñada está visitando a Alba. Lara acepta por compromiso, pero la conversación resulta más agradable de lo que esperaba. Hablan del vivero, de la nueva vida de Lara en Adrogué y de Máximo. Así, pasan más de dos horas juntos.

Antes de regresar, Sergio explica que Alba permanece sola durante una hora todos los días y se entretiene mirando televisión. Esto confirma que la persona detrás de la ventana debe ser ella. Cuando Lara le pregunta si su esposa puede caminar, Sergio responde que apenas logra moverse con su ayuda. Lara queda confundida y trata de convencerse de que la figura alta que observa detrás de la cortina puede ser solamente un efecto de la iluminación.


La casa – Capítulo 9

La llegada de Agustín le permite a Lara recuperar su horario habitual. Aunque el nuevo empleado es un poco torpe, demuestra interés y buena voluntad. Lara le enseña sus tareas durante la hora en que trabajan juntos y después lo deja a cargo de Sergio.

Agustín también comienza a ocuparse de las tareas que antes realizaba Alba, como limpiar las hojas de las plantas. Esto alivia a Lara, ya que reemplazar a la mujer le provocaba una incomodidad que no lograba explicar.

Al regresar más temprano a su casa, Lara recupera el tiempo y la soledad que tanto extraña. Disfruta del silencio de las primeras horas de la tarde y vuelve a sentir una conexión muy profunda con la vivienda. Recorre sus habitaciones descalza, observa cada rincón y acaricia los muebles, como si necesitara acercarse a la casa y a todo lo que contiene.

Durante uno de esos recorridos, entra en el último cuarto y observa los libros de poesía colocados sobre el escritorio. Entre ellos encuentra uno rojo que no tiene título ni nombre de autor en el lomo. Cuando lo toca, descubre que en realidad no es un libro, sino una caja de madera con esa forma.

Al abrir la caja, Lara encuentra tres cartas, cada una guardada dentro de su sobre. Todas están dirigidas a Walter T. Segovia, pero no a la casa, sino a una casilla de correo de Adrogué. El nombre y la dirección de la remitente finalmente confirman la identidad de la misteriosa mujer: Julia Brown, de Longchamps. De esta manera, Lara encuentra las otras cartas de Julia que Walter consiguió mantener ocultas de su padre.


El tren

8 de noviembre de 1942

En la primera carta, Julia Brown le agradece a Walter por escribirle y creer en su historia. Explica que se siente consolada porque, después de muchos años, alguien finalmente acepta que lo que cuenta sobre el tren puede ser verdadero. Además, decide tutearlo porque Walter tiene dieciséis años y ella lo considera una especie de hermano menor o sobrino.

Julia recuerda la extensa carta que envió a los padres de Walter cuando él tenía diez años. En ella describe todo lo que vio durante una noche aterradora en el tren. Walter alcanza a leerla, pero su padre se la arrebata y la arroja al fuego. Julia lamenta que aquel relato lo haya afectado tanto y se sorprende al saber que el joven pinta un cuadro inspirado en su experiencia.

Después de enviar esa primera carta, Julia espera que la madre de Walter le responda y comprenda lo sucedido. Sin embargo, quien aparece en su casa es el padre del muchacho acompañado por un abogado. Como Julia se encuentra trabajando, ambos hablan con su padre y amenazan con iniciar un juicio por injurias y calumnias si ella vuelve a contar la historia. También advierten que pueden declararla demente y encerrarla en un manicomio.

Por miedo a perjudicar a su familia, Julia acepta permanecer en silencio e intenta convencerse de que todo es producto de una pesadilla. Sin embargo, nunca logra olvidar la ventana iluminada que observó desde el tren. Finalmente, agradece que Walter conserve el sobre de la carta destruida, porque gracias a la dirección del remitente consiguió encontrarla y comunicarse con ella años después.


23 de noviembre de 1942

En la segunda carta, Julia cuenta que trabaja como enfermera en el Hospital Británico y que viaja todos los días desde Longchamps hasta Plaza Constitución. Aunque en el hospital se siente acompañada y útil, la soledad y los recuerdos regresan cuando termina su jornada. Después de recibir un pedido de Walter, decide narrar nuevamente la noche del tren.

Cuando todavía estudiaba enfermería, Julia debía viajar de noche para realizar una guardia en el hospital. Al llegar a la estación, encuentra el antiguo tren local que une Longchamps con Plaza Constitución. Sintió una necesidad inexplicable de subir y entró en el último vagón, que estaba completamente vacío. Apenas abordó, el tren comenzó a moverse y Julia tuvo la extraña sensación de que la estaba esperando.

Durante el viaje observo las casas y las ventanas iluminadas. Después de pasar por la estación de Adrogué, el tren disminuyó la velocidad y todo quedó envuelto en un silencio profundo. Entonces Julia vio una ventana iluminada en la parte superior de una casa cercana a las vías. Reconoció la vivienda porque ya la observó otras veces durante el día.

En la ventana apareció una joven de cabello oscuro. La muchacha miró directamente a Julia y su rostro expresó primero sorpresa, temor y una pequeña alegría. De pronto, su expresión cambió y se llenó de espanto. Detrás de ella surgió una sombra de un brazo que sostiene un cuchillo sobre su cabeza.

Julia gritó e intentó advertirle del peligro, pero no logró escuchar su propia voz. Golpeó desesperadamente el vidrio del vagón para llamar su atención. En ese momento, unas pequeñas campanas colocadas junto a la ventana de la casa comienzaron a sonar. El recuerdo es tan doloroso que Julia debe interrumpir varias veces la escritura. Finalmente, termina la carta sin explicar todavía qué sucede después.


9 de diciembre de 1942

Julia comienza la tercera carta pidiéndole disculpas a Walter por dejar inconcluso el relato. Explica que recordar aquella noche todavía la afecta profundamente, pero se compromete a contar el final. También le agradece al joven porque sus cartas le devuelven la esperanza y la ayudan a pensar nuevamente en el futuro.

Julia retoma la historia en el momento en que observó a la joven y al brazo armado detrás de ella. Cuando las campanitas comienzaron a sonar, la ventana desaparecieron de su vista y el tren recuperó su velocidad. También regresaron los sonidos habituales de las ruedas, las vías y la locomotora, como si el tiempo hubiera vuelto a avanzar con normalidad.

Julia corrió por los vagones para buscar al guarda y le contó lo sucedido. Cuando llegan a Burzaco, él le aconseja que baje y realice la denuncia. Julia habla con varios policías y los acompaña para identificar la casa. Como no puede reconocerla desde la calle, camina con los agentes junto a las vías hasta encontrarla.

La casa resulta ser la de Walter. Los policías entran y revisan todas las habitaciones, pero no encuentran a ninguna mujer ni señales de un ataque. Mientras Julia espera en el automóvil, el padre de Walter le grita furioso desde la vereda y su madre abraza al niño. Finalmente, los agentes concluyen que la joven imagina lo ocurrido.

Días después, un inspector le muestra fotografías de varias mujeres desaparecidas. Una de ellas se parece a la joven de la ventana, aunque Julia no puede identificarla con seguridad. La policía vuelve a investigar la casa, pero no encuentra ninguna prueba. Más tarde, Julia escribe la carta que el padre de Walter destruye y recibe las amenazas del abogado. Por este motivo, guarda silencio, realiza un tratamiento médico para controlar sus nervios y nunca vuelve a utilizar el tren local.

Al terminar su relato, Julia afirma que quiere dejar esa experiencia en el pasado. Aunque piensa en mudarse, finalmente decide quedarse porque allí están las personas que la necesitan. Gracias a la correspondencia con Walter, recupera su confianza en la vida y desea continuar ayudando a los demás mediante su trabajo como enfermera.


La ventana – Capítulo 1

Después de leer las cartas, Lara conversa con Nahuel y Máximo sobre el relato de Julia. Los dos consideran posible que ella haya viajado en el tren y haya visto a una mujer en la ventana, pero no creen en la detención del tiempo ni en la aparición del cuchillo. Además, señalan que, si realmente ocurrio un asesinato, la policía debería haber encontrar el cuerpo, sangre o algún otro indicio cuando revisaron la casa poco después.

Lara reconoce que sus argumentos son razonables, pero sigue creyendo en Julia. También recuerda que, antes de leer las cartas, soñó con una ventana y escuchó un tintineo similar al de las campanitas. Sin embargo, no se lo cuenta a los demás porque supone que lo atribuirán a una simple casualidad. Esa noche, Máximo vuelve a dormir en el último cuarto, pero no escucha el tren.

A la mañana siguiente, Máximo lleva a Lara al vivero. Sergio observa el automóvil y le pregunta si el joven vive con ella. Lara le explica que es amigo de ambos hermanos y nota que la pregunta parece demostrar cierto interés o celos por parte de Sergio.

Luego, Sergio le informa que Alba mejora y que el médico le permite regresar al vivero dos veces por semana. Lara se alegra por su recuperación, aunque también siente cierta incomodidad. Cuando entra al lugar después del primer día de trabajo de Alba, descubre que su presencia parece haber quedado en todas partes: en las plantas limpias, las semillas ordenadas y las flores acomodadas cuidadosamente por colores. Lara siente que la mujer marca el vivero como su propio territorio.

Poco después, Lara encuentra a Alba trabajando nuevamente. Cuando la saluda, la mujer se queda inmóvil y luego la observa con sus ojos verdes entrecerrados. Su rostro pálido y sus labios intensamente rojos le producen una impresión inquietante. Lara comienza a notar que Alba recupera fuerzas: mantiene una postura más erguida, sus manos tiemblan menos y su mirada demuestra cada vez mayor atención.

La recuperación continúa rápidamente. Alba empieza a asistir al vivero todos los días y permanece allí durante toda la jornada. La mujer que antes la acompañaba deja de ir y Sergio comienza a dejarla al cuidado de Lara o Agustín cuando necesita realizar entregas. Aunque él continúa tratándola como si fuera una niña indefensa, Lara percibe que Alba es plenamente consciente de lo que ocurre y que controla a su marido mediante sus miradas y gestos.

En la casa, los jóvenes tienen distintas opiniones sobre la pareja. Nahuel siente pena por la discapacidad de Alba. Máximo, en cambio, cree que ella exagera su estado para dominar a Sergio. También sostiene que está celosa de Lara porque Sergio se enamoró de ella. Por eso, le advierte que tenga cuidado con los dos y afirma que Sergio no es una buena persona.

Lara reconoce que Sergio suele mirarla de una manera especial y le dedica sonrisas sin motivo, pero intenta no darle importancia. La presencia constante de Alba impide que vuelvan a almorzar a solas, lo que la tranquiliza. Sin embargo, la mujer comienza a preocuparla: Lara no siente exactamente miedo, sino un profundo rechazo hacia ella.


La ventana – Capítulo 2

Con la llegada de la primavera, Lara comienza a dormir con la ventana abierta para sentir el perfume del jardín. Su habitación y la casa le producen una profunda sensación de seguridad y pertenencia. Algunas mañanas despierta aliviada al comprobar que continúa allí y que los lugares desconocidos a los que la llevan sus sueños no son reales.

Una noche calurosa, después de leer, Lara abre completamente la celosía y se asoma a la ventana. Disfruta del olor del pasto recién cortado, de la tierra húmeda y del jazmín que crece cerca de su habitación. Sin embargo, ese momento de tranquilidad termina cuando descubre a Alba en la ventana del primer piso de la casa de enfrente.

Las dos mujeres quedan enfrentadas, cada una en su propia ventana y a la misma altura. Las ramas de un jacarandá iluminado por el farol de la calle ocultan parcialmente a Alba, pero Lara distingue su cabello negro y su cuerpo erguido. Aunque no logra ver sus ojos ni su expresión, está segura de que la mujer la observa con una actitud desafiante.

Lara cierra inmediatamente la celosía y regresa a la cama. Piensa que el lunes volverá a encontrarse con Alba en el vivero y que ella continuará vigilándola tanto a ella como a Sergio. Sin embargo, la imagen de Sergio termina desplazando a la de su esposa y es lo último en lo que Lara piensa antes de dormirse.

A la mañana siguiente, Lara intenta reconstruir el sueño que tiene durante la noche. Solo recuerda algunas imágenes: Sergio sonríe, la mira fijamente y le acaricia la mejilla mientras ambos viajan solos en la camioneta por un camino rodeado de árboles frutales. Así, el sueño revela que Lara comienza a sentir una atracción cada vez más evidente por él.


La ventana – Capítulo 3

Lara no puede olvidar la dirección que aparece en las cartas de Julia Brown y decide viajar sola hasta Longchamps para buscar su antigua casa. Primero consulta un mapa y luego recorre la calle Manuel Belgrano, pero descubre que la numeración cambia y que la mayoría de las viviendas son demasiado nuevas para pertenecer a Julia.

Un hombre del barrio le explica que los números de las calles cambian unos veinte años antes y le aconseja buscar unas cuadras más adelante. Lara continúa caminando hasta encontrar una casa antigua, rodeada por un jardín muy cuidado y árboles frutales. También hay un molino cubierto parcialmente por un jazmín celeste.

En el jardín aparece una mujer mayor llamada Adelina. Para no revelar la verdadera razón de su visita, Lara inventa que su abuelo conoce a Julia cuando está internado en el Hospital Británico y guarda sus cartas durante años. Adelina confirma que esa es la casa de Julia y cuenta que la enfermera murió allí en 1996, a los ochenta años.

Adelina vivió con Julia desde 1965. Cuando llegó a la casa, estaba en la calle con su hija pequeña y no sabía leer ni escribir. Julia las recibió, le enseñó a leer, ayudó a su hija a estudiar para convertirse en maestra y finalmente puso la propiedad a nombre de Adelina. Por eso, ella prometió cuidar siempre la casa y las plantas de la mujer que transformó sus vidas.

Cuando Lara menciona a su supuesto abuelo, Adelina recuerda a un hombre llamado Teo que visitaba a Julia todos los jueves. Lara comprende que se trata de Walter Teodoro Segovia y piensa en una frase de su diario: “A veces sueño que es jueves y te veo, Julia”. Para sostener su mentira, explica que Walter era en realidad su tío abuelo, aunque ella y Nahuel siempre lo consideran un abuelo.

Adelina cuenta que Teo comenzó a visitar a Julia aproximadamente en 1978 y continuó haciéndolo hasta la muerte de ella. Ambos daban largos paseos por el barrio y luego tomaban el té en la galería. Julia solo decía que era un viejo amigo con quien compartía recuerdos dolorosos del pasado.

La mujer también describe a Julia como una persona bondadosa, dedicada a ayudar a los demás. Después de jubilarse del hospital, continuó aplicando inyecciones, controlando la presión y atendiendo a los vecinos, especialmente a quienes no podían pagar. Según Adelina, Julia era una mujer muy hermosa y sencilla, con unos ojos verdes casi transparentes.

Adelina le muestra una fotografía antigua. Al observarla, Lara siente que ya conoce ese rostro, aunque no logra recordar de dónde. Los ojos y la expresión de Julia despiertan en ella una sensación profunda y misteriosa, relacionada quizá con sus sueños. Lara fotografía la imagen con su celular usando como excusa que desea mostrársela a su madre.

Durante el viaje de regreso, Lara continúa contemplando la fotografía. En casa, Nahuel y Máximo la retan por investigar sola, pero también quedan fascinados por la imagen. Los tres calculan que, cuando Teo comienza a visitarla, él tiene más de cincuenta años y Julia más de sesenta. Aunque Nahuel duda de que sean novios, Máximo considera evidente que existe una relación muy importante entre ellos, ya que Walter permanece a su lado hasta el final de su vida.


La ventana – Capítulo 4

El lunes, Lara regresa al vivero pensando en Alba y en la noche en que la observa desde la ventana. Sin embargo, al ver la camioneta de Sergio recuerda el sueño en el que él le acaricia la mejilla. Lara reconoce que esa caricia le resulta agradable y que sus sentimientos hacia Sergio no nacen solamente de la compasión.

Al entrar, encuentra a Alba cortando las hojas secas de un helecho con una pequeña tijera. Sus manos ya no tiemblan y realiza la tarea con gran precisión. Su sonrisa tampoco parece ausente como antes, sino consciente, intencional y maliciosa. Aunque Alba no la mira, Lara siente que sabe perfectamente que ella acaba de llegar y que le dedica esa sonrisa.

Lara considera que la recuperación de Alba comienza cuando deja de asistir al vivero. Piensa que los celos provocados por el tiempo que Sergio pasa con ella impulsan su mejoría. Por eso, empieza a dudar de que la mujer esté tan desconectada de la realidad como todos creen y la define como “una estatua de ojos ardientes”.

Mientras tanto, Lara y Nahuel reciben una noticia alegre: María Ester, la mujer que limpiaba su antigua casa, volverá a trabajar con ellos. Acuerdan que irá una vez por semana para ayudarlos con la limpieza. En su primer día, lleva una torta de manzana y anuncia que pronto les entregará un regalo para la casa, realizado por un artesano, que supuestamente trae alegría y buena suerte.


La ventana – Capítulo 5

Uno de los mejores clientes del vivero encarga una orquídea azul, una planta exótica y difícil de conseguir. Después de una larga búsqueda, Sergio encuentra una y la guarda en el invernadero hasta que el comprador pase a retirarla. Está muy orgulloso de haber cumplido con el pedido.

Cuando el cliente llega, Lara va al invernadero para buscar la orquídea. A través de los vidrios empañados, descubre a Alba inclinada sobre la planta y acariciando sus pétalos. Entonces comprende que la mujer está de pie frente a una mesa alta. Lara también la observa caminar con seguridad hasta su silla de ruedas y sentarse.

Lara decide no revelar que descubre su secreto. Entra en el invernadero, toma la orquídea y Alba la enfrenta con su habitual sonrisa fría. Este episodio confirma que la mujer puede caminar sin ayuda y que oculta deliberadamente su recuperación.

Esa noche, Lara les cuenta lo sucedido a Nahuel y Máximo. Los tres consideran que la relación de los vecinos es extraña y enfermiza. Para ellos, Alba finge estar más incapacitada de lo que realmente está para controlar a su marido. Máximo le aconseja a Lara que se aleje de ambos y que busque otro trabajo, pero ella no piensa abandonar el vivero.

A partir del día siguiente, Máximo comienza a buscarla a la salida del trabajo. Su presencia funciona como una forma de protegerla y de vigilar a Sergio. Lara se alegra cada vez más al verlo esperándola y comienza a notar que él la mira de una manera diferente. También descubre que sus propios sentimientos hacia Máximo están cambiando.

Mientras Máximo espera a Lara desde la calle, Sergio lo observa con evidente enojo detrás de la vidriera. Al mismo tiempo, Alba permanece en su silla, aparentemente concentrada en las plantas, pero vigila a su marido. 


La ventana – Capítulo 6

Todas las tardes, Máximo busca a Lara en el vivero. Los dos pasean en auto, meriendan en diferentes lugares y luego van juntos a la estación para esperar a Nahuel. Lara se siente feliz con él y comienza a olvidarse de la extraña relación entre Sergio y Alba. También deja de observarlos constantemente y disfruta más de su trabajo.

Una mañana, Lara llega al vivero y descubre que Alba no está. Sergio le dice con ironía que su esposa empeora nuevamente y se encuentra cada vez más ausente. Lara no le cree y finalmente revela que vio a Alba de pie y caminando sola en el invernadero.

Sergio responde que su esposa puede levantarse algunas veces, pero que necesita realizar un enorme esfuerzo y termina agotada. Al saber que Alba lo intenta sin ayuda, se muestra preocupado y angustiado. Lara decide no contarle que la mujer camina con seguridad, que los vigila constantemente ni que la observa desde la ventana de su casa.

Cuando Lara relata lo ocurrido, Nahuel y Máximo insisten en que debe renunciar. Ambos sospechan que Sergio aleja a Alba del vivero para quedarse a solas con ella y que posiblemente la mantiene controlada mediante medicamentos. Lara, sin embargo, cree que la mujer regresará, como ya sucedió después de su anterior recaída.

Durante la ausencia de Alba, Sergio se vuelve excesivamente amable con Lara. La observa mientras trabaja, busca excusas para acercarse y la roza intencionalmente. Ella intenta evitar esos contactos y él reacciona con resentimiento. Además, la presencia diaria de Máximo lo molesta cada vez más.

Finalmente, Sergio le pregunta si está de novia con su “amiguito”. Cuando Lara se ríe, él asegura que merece algo mejor: un hombre verdadero y no un joven que solamente la pasea en automóvil. Lara no responde, pero comprende que Sergio está celoso de Máximo y que su interés por ella ya es evidente.

Lara deja de ver a Alba en la ventana, aunque vuelve a cruzarla en la calle acompañada por su cuidadora. Otro domingo, Sergio pasea a su esposa frente a la casa de Lara, pero ninguno de los dos la saluda. Ella se siente aliviada porque no quiere que la pareja arruine la tranquilidad que recupera junto a Máximo y Nahuel.


La ventana – Capítulo 7

Un viernes, después de merendar con Máximo, Lara regresa sola a su casa porque él y Nahuel deben retirar unos cuadros de una exposición. Al entrar, encuentra una nota de María Ester en la que anuncia que finalmente les dejó el regalo para la casa. Además, agrega una pista: espera que logren encontrarlo.

Lara comienza a buscar el regalo por las diferentes habitaciones. Finalmente, descubre que la puerta del último cuarto está entreabierta y supone que María Ester lo dejó allí. Al entrar, encuentra la ventana completamente abierta. Se acerca atraída por la oscuridad, el perfume del jardín y el silencio de la noche.

De pronto, todos los sonidos desaparecen. Lara escucha el silbato y el estruendo de una antigua locomotora que avanza hacia la casa. El tren pasa frente a la ventana, pero el último vagón se detiene delante de ella. En la única ventanilla iluminada aparece Julia Brown, con el rostro aterrorizado, las manos contra el vidrio y la boca abierta en un grito que no produce ningún sonido.

Lara intenta hablar, pero tampoco logra emitir sonidos. Entonces escucha el tintineo de unas pequeñas campanas de bronce que María Ester colocó junto a la ventana como regalo para la casa. En ese momento, comprende que está viviendo la misma escena que Julia observó desde el tren muchos años antes, pero ahora desde el otro lado.

Las campanitas le advierten que existe un peligro detrás de ella. Lara se da vuelta justo a tiempo y descubre a Alba levantando un cuchillo para atacarla, exactamente como Julia relató en sus cartas. Lara logra empujarla, hace que suelte el arma y comienza a bajar las escaleras.

Sin embargo, Alba recoge el cuchillo y la persigue rápidamente. Lara intenta salir por la puerta principal, pero recuerda que está cerrada y que las llaves permanecen dentro de su mochila, en la cocina. Por eso, entra allí, cierra la puerta con llave y busca su teléfono mientras Alba golpea violentamente la madera con el mango del cuchillo.

Como teme que la cerradura no resista, Lara escapa por la puerta del patio, que misteriosamente está abierta a pesar de que ella la cerró esa mañana. También encuentra abierta la puerta de la reja, aunque recuerda haberla cerrado al regresar. Finalmente, llega a la calle y choca con Nahuel y Máximo, quienes intentan tranquilizarla. Lara escucha que ambos la llaman, pero después pierde el conocimiento.


La ventana – Capítulo 8

Lara se desmaya al encontrarse con Nahuel y Máximo. Una persona que pasa por la calle cree que los jóvenes intentan secuestrarla y llama a la policía. Ellos explican que son su familia y que Lara salió desesperada de la casa, por lo que los agentes entran para averiguar qué sucede.

En la cocina encuentran a Alba sentada en el piso, junto a la puerta dañada, y todavía aferrada al cuchillo. La mujer no responde ni obedece cuando le ordenan que suelte el arma. Finalmente, la sacan esposada. En ese momento llega Sergio y queda completamente sorprendido al ver que la policía se lleva a su esposa.

Mientras Lara permanece en el hospital, declara que encontró a Alba detrás de ella con un cuchillo. La policía también descubre que la mujer entró utilizando una llave. Nahuel asegura que nunca le entregan una, pero Lara recuerda que Walter había dejado copias de las llaves a sus vecinos para que cuidaran las plantas durante sus viajes. Alba y Sergio conservaron esas llaves después de su muerte. El policía les explica que deberían haber cambiado las cerraduras al mudarse.

Después de recibir el alta, Lara regresa a casa con los dos jóvenes. Al principio no sabe cómo explicarles la aparición del tren porque teme que su relato resulte imposible de creer. Máximo la toma de las manos y la anima a continuar.

Lara cuenta que el antiguo tren apareció frente a la ventana y que el tiempo pareció detenerse. En el último vagón reconoció a Julia, quien la observaba aterrorizada desde detrás del vidrio. Entonces comprendió que ella misma ocupaba el lugar de la mujer que Julia vio en 1936. Finalmente, las campanitas rompieron el silencio y le permitieron descubrir a tiempo la sombra de Alba levantando el cuchillo detrás de ella.


La ventana – Capítulo 9

Lara imprime la fotografía de Julia y la coloca junto a una imagen de Walter cuando era niño, dentro de un portarretrato doble. Decide ubicarlo en el hall de entrada, donde es lo primero que se observa al ingresar. Para ella, Julia y Walter se convierten en una especie de protectores de la casa.

Lara acepta que lo ocurrido no tiene una explicación lógica. Nahuel también considera que algunas cosas simplemente suceden y que no tiene sentido continuar buscando una respuesta racional.

La reacción de Máximo la sorprende porque, a pesar de su escepticismo, cree que Julia logró observar el futuro desde la ventana del tren y así salvar la vida de Lara. El pasado, el presente y el futuro se conectan por un instante a través del tren, la ventana y las campanitas.

Lara se pregunta si existen lugares donde el tiempo puede romperse y reunir momentos diferentes. También piensa que, en medio del peligro provocado por Sergio y Alba, ella y Máximo finalmente reconocen sus sentimientos y comienzan una relación. Para Lara, ambos son como una ventana abierta: dos lados diferentes que ahora permanecen unidos.


La ventana – Capítulo 10

Lara no regresa a trabajar al vivero. Días después del ataque, Sergio va a su casa para pedirle disculpas. Llora y asegura que se siente responsable por no advertir el peligro. También afirma que Alba lo engañó porque ni siquiera él sabía que su esposa podía caminar sola.

Sergio le cuenta que Alba permanecerá internada en una clínica neuropsiquiátrica y que más adelante piensa trasladarla a un sanatorio de las sierras de Córdoba. Él planea vender su casa y el vivero para mudarse cerca de ella. Aunque descubre sus mentiras y su intento de asesinar a Lara, siente que no puede abandonarla ni escapar de la vida que construyó a su lado.

Finalmente, Lara, Nahuel y Máximo le cuentan toda la historia a su madre durante una videollamada. Le muestran el cuadro del tren y las fotografías de Julia y Walter. La mujer queda sorprendida y decide que ya no quiere vivir en la antigua casa cuando regrese de Canadá. Si vuelve con Derek, prefiere comprar una propiedad nueva y dejarles la vivienda a sus hijos.

Lara sostiene que en la casa no existen fantasmas. Para ella, esos fenómenos son fragmentos del pasado que aparecen en el presente. Por eso, explica que la vivienda solamente guarda recuerdos y que, de vez en cuando, decide mostrarlos.


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