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RESUMEN de 'Octubre, un crimen' de Norma Huidobro

  • Writer: todomenosleer
    todomenosleer
  • 7 hours ago
  • 24 min read

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Te dejo un video del resumen, hecho por mí, y más abajo el texto, por si preferís leerlo.


RESUMEN POR CAPÍTULO de 'Octubre, un crimen' de Norma Huidobro


Capítulo 1

Inés tiene que ir a la fiesta de disfraces de su prima Ayelén (con quien no se lleva nada bien) y decide comprar un vestido antiguo en un negocio de ropa vintage. Al día siguiente, después de clases, va directo al local y se prueba un montón de prendas. La dueña es simpática, sabe muchísimo de moda y hasta le muestra un conjunto estilo Courrèges, recto, corto, blanco y negro, típico de los años sesenta. Le queda bien, pero no termina de convencerla.

Sigue buscando hasta encontrar un vestido amarillo de organza, más antiguo, de los años cincuenta. El vestido la impacta: le recuerda fotos viejas de su mamá y su tía, y siente que tiene “algo” especial. Se lo lleva a su casa, se lo muestra a su mamá, que pasa de la nostalgia al modo práctico y decide que hay que subirle el dobladillo. Mientras deshace el dobladillo, Inés encuentra escondido un papel doblado en cuatro. Lo abre, y descubre una carta con la fecha ‘22 de octubre de 1958’. 

La carta está dirigida a Malú, de parte de Elena. En ella le dice que sus sospechas son ciertas y que la noche anterior los escuchó hablar de la dosis y del veneno. Le pide que hable con el Dr Bilbao para que interne a su papá; y finaliza diciendo que si él muere, la próxima será ella. Agrega que cuenta con su ayuda y le pide que no la abandone.

Inés le muestra la carta a su familia (compuesta por sus padres, su hermano mayor Juanjo y el menor, Javier) pero nadie la toma en serio, entonces ella decide iniciar una pequeña investigación para demostrarles que todos se equivocan.


Capítulo 2

Inés vuelve al negocio y le inventa a la vendedora que para un trabajo práctico del colegio tiene que investigar la historia de un objeto y que ella eligió el vestio amarillo. La señora, fascinada, decide ayudarla e Inés le pregunta dónde consiguió el vestido. Ella le cuenta que se lo vendió la hermana de una amiga suya, que solía tener una casa de antigüedades en San Isidro, pero que el año pasado se fue a vivir a España. Inés le deja su número de teléfono y la vendedora promete hablar con su amiga para averiguar más datos.


El sábado siguiente Inés asiste a la fiesta de su prima Ayelén, pero en la fiesta se aleja de ella y sus amigas. Finalmente, se aburre, tal como lo había imaginado.


Capítulo 3

El domingo siguiente Inés recibe el llamado de la vendedora quien le da el número de teléfono de Alicia Gutierrez, la hermana de su amiga. Agrega que ya está al tanto de su trabajo y que espera que le mande un fax.

Luego de cuatro días de haber mandado sus preguntas, Inés recibe un fax de Alicia, quien le cuenta que compró el vestido en 1984 en un remate en una casona en una esquina de San Telmo, y que sólo recuerda haber visto a una señora muy elegante que parecía la dueña.

La joven piensa que necesita más datos para encontrar la casa y le pregunta a Alicia si recuerda alguna característica especial, como una cúpula o algo similar. Alicia le responde en otro fax que ahora que lo menciona, la casona tenía una habitación circular a la que aparentemente le faltaba la cúpula. Agrega que estaba cerca de un museo y que desde las escaleras del mismo, se podía ver claramente la casa. Inés rápidamente identifica la zona, va hacia el museo y encuentra la casa con la habitación y la torre sin cúpula en la esquina de Caseros y Bolívar. 

Capítulo 4

Cuando terminan las clases, en diciembre, Inés decide volver a la casona de San Telmo para entrevistar a los vecinos acerca de su historia, con la excusa de estar haciendo una nota para una revista. Allí habla con la almacenera, Doña Anita, quien le cuenta que en esa casa vivió una joven llamada Elena, que se había suicidado luego de la muerte de su padre, Don Emilio. Elena había sufrido mucho en su vida, había perdido a su madre y luego, su padre se había vuelto a casar con una joven a quien ella nunca quiso. Don Emilio había enfermado y su hija lo había cuidado hasta el día de su muerte. Luego, había empezado a actuar raro, se encerraba en su cuarto y no quería comer ni hablar con nadie. Doña Anita cuenta que Elenita eventualmente se había vuelto loca y que una noche saltó desde la torre y se quitó la vida. 

Doña Anita recuerda también que la casa estuvo mucho tiempo vacía después de la tragedia, y que una tormenta destruyó la cúpula de la torre. Tras ese accidente, el hermano de la viuda regresó para reparar el techo, pero nunca más supo de la familia.

Ya casi despidiéndose, doña Anita menciona un dato clave: la antigua mucama de la casa, Amparito, vive y trabaja en el Hogar Rawson. Es jubilada y todos la conocen allí. Inés decide que irá a buscarla.


Capítulo 5

Inés quiere ir directamente al Hogar Rawson, pero decide volver a su casa para preparar una lista de preguntas antes de verla.

Piensa en lo que le contó Doña Anita. Con la carta de Elena en mente, Inés está convencida de que la joven no se suicidó, sino que fue asesinada. Elena había escrito: “si papá muere, la siguiente seré yo”, y exactamente eso ocurrió. Para Inés, la viuda de don Emilio y su cuñado son los responsables: primero habrían envenenado al padre y luego habrían empujado a Elena desde la torre para simular un suicidio y quedarse con la fortuna. Sin embargo, Inés reconoce que la carta, tantos años después, difícilmente serviría como prueba, y que nadie tendría interés en reabrir un caso tan antiguo.

Deja de lado esas dudas y se concentra en cómo presentarse ante Amparito. Decide mantener la historia de que trabaja para una revista barrial. Planea decir que aún no está recibida y que colabora como aprendiz.

Después de comer, Inés se encierra en su cuarto para hacer una lista extensa de preguntas para cuando visite a Amparito. Organiza qué le dirá primero, cómo mencionará la casa de Bolívar y Caseros y de qué manera la dejará hablar libremente antes de intervenir con preguntas guiadas. Por supuesto, espera que Amparito pueda darle alguna pista sobre el paradero de Malú.

Cuando termina la lista, se da cuenta de que pasó dos horas escribiendo sin notarlo.

Capítulo 6

Inés va al Hospital Rawson para buscar a Amparito. La derivan a los pabellones del asilo, donde la escena es triste: ancianos sentados, desganados, mirando a la nada. Entre ellos, Inés reconoce enseguida a Amparito, arrodillada trabajando la tierra con un delantal verde y un pañuelo en la cabeza.

Inés se presenta y le explica que hace un “reportaje” para una revista sobre la casa de la cúpula. Amparito escucha sin interrumpir, pero en vez de hablar de Elena, dice que quiere contarle sobre la situación de los jubilados y las ollas populares que están organizando, y que Inés debería publicar esa nota para que la gente tome conciencia. Inés se siente culpable y no sabe cómo seguir con la mentira. Cuando intenta explicarle que no puede, Amparito le pregunta directamente por qué le interesa la casa. Inés, sin pensarlo demasiado, le revela que tiene una carta de Elena.

Amparito se sorprende e Inés le relata la historia completa: cómo encontró el vestido, cómo llegó a la carta y cómo empezó con la investigación. Inés promete llevarle el vestido y la carta esa misma tarde.


Más tarde, cuando Inés vuelve con las cosas, Amparito la recibe con más confianza y, después de charlar un poco, le pide ver primero el vestido y después la carta. Al verlo, se emociona: lo recuerda perfectamente. Le cuenta que Elena se lo había dado el día que murió su padre, para que lo llevara a la modista Malú a hacerle un arreglo. Elena estaba muy flaca, nerviosa, casi sin comer, cuidando constantemente al padre enfermo.


Amparito explica que sí llevó el vestido, pero que Malú no estaba. Intentó varias veces, golpeó, llamó, pero nadie abrió. Como no quería volver a la casona con el vestido, lo dejó en la verdulería de enfrente para que la dueña se lo entregara a la modista si la veía.


Esa noche, al llegar a la casa de la familia, Elenita estaba dormida por medicamentos que el Dr De Bilbao, el médico de la familia, le había dado por una crisis nerviosa. 


Amparito relata los días posteriores: el velorio, la confusión en la casa, el estado de Elena —cada vez más débil, descompuesta, vigilada y medicada—. Aclara que en ese momento no sospechaba nada raro. Es recién con la carta de Elena que Amparito “ata cabos” y entiende comportamientos de esos días: que Elena revisaba cajones, que vigilaba la cocina, que insistía en llevar ella misma la comida al padre, que dormía mal…


Amparito recuerda también cómo murió Elena. Una noche, después de la muerte del padre, escucharon un grito. Todos en la casa despertaron. Los vecinos llegaron avisando que alguien había caído desde la torre. Encontraron a Elena en la vereda, muerta, con el camisón blanco. Para todos, fue un suicidio. Nadie sospechó que pudiera haber sido empujada.

Amparito le cuenta que, días después del entierro de Elena, la verdulera apareció con el paquete del vestido: Malú nunca había regresado.Inés cree que probablemente también la mataron para silenciarla, porque tal vez sabía demasiado.


Capítulo 7

Una semana después, Amparito llama a Inés por teléfono. Le dice: “Averigüé algo. Venite esta tarde al Rawson”. Inés siente que se le abre una luz: la investigación no solo no terminó, sino que tal vez recién empieza. 


Inés llega al Rawson y encuentra a Amparito que le cuenta que quiere que conozca a Rosa, una amiga suya que trabajó con la hermana del doctor De Bilbao. Rosa vive cerca y suele ir al club de jubilados. Amparito explica que la vio el día anterior en el club y que hablaron sobre “tiempos viejos”. No pudieron conversar demasiado porque la hija vino a buscarla temprano, pero acordaron seguir hablando otro día, y Amparito quiere que Inés esté presente. Rosa ya aportó algunos datos: el doctor De Bilbao había tenido un geriátrico importante en San Isidro o Vicente López unos diez años atrás, según la hermana del médico. No saben si el doctor sigue vivo, pero calculan que tendría entre setenta y cinco y ochenta años. Aun retirado, podría seguir vinculado al geriátrico, así que esa pista podría ayudar a encontrarlo, siempre que la institución siga existiendo.


Amparito invita a Inés a ir al club de jubilados el 25 al mediodía, cuando prepararán una olla popular de Navidad. Inés quisiera participar, pero sabe que sería un conflicto enorme en su casa: ese día siempre almuerzan con “los Luises” (tía Luisa, tío Luis y Ayelén). Decide que no podrá faltar al almuerzo familiar, pero sí podrá ir a la tarde al club, llevando un pan dulce. 


Capítulo 8

Inés necesita una excusa para asistir el 25 a la olla popular con Amparito sin revelar nada del vestido ni de la carta. Habla con su mamá, quien pregunta si “justo el 25” tiene que ser. Finalmente, la madre se resigna. Cuando pregunta dónde conoció a Amparito, Inés miente y dice que es amiga de la tía de Florencia. 


Llega el 24 de diciembre. Inés disfruta la Nochebuena como todos los años en la casa de su tío Jorge, donde se reúne toda la familia paterna. Se acuestan muy tarde y el 25 a la mañana los “Luises” (tía Luisa, tío Luis y Ayelén) llegan antes de que Inés y sus hermanos se levanten. El almuerzo familiar resulta tan insoportable como siempre: tío Luis habla de sus negocios, tía Luisa y Ayelén de sus vacaciones en Punta del Este. Cuando Ayelén pregunta por las vacaciones de Inés en San Clemente del Tuyú, ella se levanta, anuncia que tiene un compromiso con un grupo de jubilados y se va.


Inés llega al club de jubilados, que ese día está lleno de música y baile. El patio principal está decorado; hay un pesebre, un árbol de Navidad, tortas y pan dulce. Amparito está bailando con los demás, muy animada. Cuando ve a Inés, corre a saludarla y la lleva al patio del fondo para presentarle a Rosa.


Rosa es una amiga de Amparito, en silla de ruedas, encargada de cuidar todas las plantas del club. Es tranquila, piensa antes de hablar, pero es muy detallista y dedicada. 


Finalmente se sientan: Rosa en su silla, Amparito e Inés en un banco. Amparito explica que Rosa trabajó muchos años con la hermana del doctor De Bilbao y que sabe cosas importantes. Rosa toma la palabra: cuenta que fue a misa en Santa Catalina y habló con mujeres del barrio, entre ellas Isabel, quien le dijo que la hermana del doctor (Amanda) está internada desde hace cuatro o cinco años en un geriátrico del propio De Bilbao, ubicado en Beccar (San Isidro). Isabel sostiene que tanto Amanda como el doctor siguen vivos, porque no aparecieron en los avisos fúnebres y en el barrio no se comentó ninguna muerte. Así saben que el geriátrico todavía existe y podría ser una vía para encontrar al doctor.


Después Inés pregunta por Malú. Rosa dice que no sabe nada: solo recuerda que Malú era hermosa, delicada y muy silenciosa, y que cosía para la hermana del doctor. Ambas —Rosa y Amparito— repiten que no la vieron nunca más después de aquellos días, pero no pueden precisar si dejó de trabajar antes o después de las muertes en la casa.


Las tres coinciden en la teoría de que Malú pudo haber sido asesinada por saber demasiado sobre el envenenamiento del padre de Elena. Así elaboran un plan con tres objetivos: Rastrear a Malú. Confirmar si el doctor De Bilbao sigue vivo y aún está en el geriátrico. Averiguar qué fue de la viuda de don Emilio y de su hermano.


Las tres saben que lo más difícil será encontrar a Malú, porque no conocen su apellido y han pasado alrededor de cuarenta años. Aun así, acuerdan comenzar la búsqueda después de las fiestas.


Capítulo 9

Los planes de Amparito de retomar la investigación recién en enero se frustran cuando la abuela de Inés cambia las vacaciones familiares para la primera quincena de enero. Además, propone reunir a toda la familia para pasar el 31 de diciembre y el 1º de enero en San Clemente del Tuyú. Los “Luises” no aceptan: ya están instalados en Punta del Este y no piensan viajar a un balneario menos glamoroso.


Inés llama a Amparito para avisarle que no estará en Buenos Aires. La mujer le responde que, entonces, le toca encargarse de buscar información sobre Malú, ya que ella y Rosa seguirán con el resto desde la ciudad. Inés protesta, pero entiende que tiene sentido: si ella se va de vacaciones, es justo que haga la parte más difícil. 


En San Clemente, pasa mucho tiempo pensando en cómo seguir la investigación. Repasa todas las películas, novelas policiales, noticias y telenovelas que conoce, buscando alguna pista metodológica. Una noche de lluvia ve una película que resulta clave: comienza con una carta del pasado escrita por una mujer que teme ser asesinada y cuya muerte luego se simula como un accidente. En la historia, para reconstruir lo que ocurrió, los protagonistas van a una hemeroteca y revisan los diarios de la época para descubrir la verdad.


Ese procedimiento inspira a Inés: decide que cuando vuelva a Buenos Aires buscará en los diarios de 1958 noticias sobre la muerte de una joven desconocida que coincida con Malú. Para ella, es muy probable que Malú haya sido asesinada por el doctor De Bilbao, la viuda de don Emilio y el hermano, tal como —según cree— hicieron con el padre de Elena y luego con Elena misma.


El resto de la quincena en San Clemente es lluviosa pero tranquila. Inés pasea por la playa, lee, mira películas de televisión y se encuentra con amigos de otros años. A pesar de la lluvia, disfruta el tiempo allí y siente que alejarse un poco de Buenos Aires le renueva las ganas de empezar cosas nuevas.


Capítulo 10

Inés vuelve de sus vacaciones decidida a buscar en los diarios antiguos cualquier pista sobre la posible muerte de Malú. Sabe que la tarea es difícil: no conoce su apellido, ni su nombre real, solo el apodo y una edad aproximada (unos dos o tres años más que Elena, que murió a los 19).


Va a la Hemeroteca del Congreso y pide los diarios de noviembre y diciembre de 1958. La empleada la mira raro, pero trae enormes carpetones. Inés no sabe qué buscar exactamente: imagina un accidente, un escape de gas o algún evento policial que encaje, pero descarta varias posibilidades y concluye que Malú no murió en su casa: seguramente fue asesinada y desaparecida para que no denunciara al médico ni a la viuda y al cuñado.


Decide también pedir los diarios de octubre, empezando por el día 22, fecha de la carta de Elena. Pasa horas revisando las noticias policiales. No encuentra nada en noviembre. Antes de irse, llama a Amparito desde un teléfono público para contarle cómo va la búsqueda; Amparito le dice que ella y Rosa también encontraron información y que se verán cuando Inés termine con los diarios.


Al día siguiente vuelve a la hemeroteca. Lee los diarios de octubre: nada. Luego los de diciembre. Justo cuando cree que tendrá que revisar enero de 1959, encuentra una noticia en la edición vespertina del 18 de diciembre:

Una mujer apareció muerta flotando en el Riachuelo y no estaba identificada. Tenía unos 25 años, pelo castaño claro, ojos celestes, 1,65 m, delgada, vestida con pollera azul y blusa blanca. También tenía un golpe en la sien izquierda y estaba a la espera de la autopsia.

Busca el diario siguiente: los peritos confirman que la mujer fue asesinada —un golpe con objeto contundente— y luego arrojada al agua. Se publican fotos del cadáver y del lugar donde apareció. La noticia sigue durante varios días pero nadie la reclama y no hay forma de identificarla. A mediados de enero, un último recuadro reitera que sigue sin nombre y que la policía no encontró ninguna pista. Inés pide fotocopias de todos los artículos para mostrárselos a Amparito y Rosa.


Cuando llega a casa, la llama para confirmar algo crucial: le pide que describa a Malú físicamente. Amparito recuerda que era alta, delgada, muy linda, con pelo castaño claro, “tirando a rubia”, y ojos “claros… quizás celestes”.

Al oír esa descripción, Inés concluye: La mujer del Riachuelo es Malú.



Capítulo 11

Inés se encuentra con Amparito al día siguiente en el Rawson. La mujer está baldeando la galería y le da para que revise una caja de zapatos forrada, llena de fotos antiguas: algunas en blanco y negro, otras más modernas en álbumes de plástico. Mientras las revisa, imagina a los padres de Amparito, a ella de niña y a su hermano en distintas épocas. No entiende para qué sirven las fotos hasta que encuentra una imagen de un casamiento antiguo con varias mujeres usando sombreros.


Amparito le señala a una chica rubia con expresión triste, Elena. La foto es del casamiento de Don Emilio con María del Carmen. Amparito explica que Elena tendría unos quince años en esa época y que nunca llegó a querer a María del Carmen, aunque la mujer trató de acercarse desde el principio. También cuenta que el casamiento fue discreto porque Don Emilio, como viudo con una hija, no quería algo ostentoso. 

Inés le muestra los artículos sobre la mujer encontrada muerta en el Riachuelo. Amparito confirma que la descripción coincide con Malú: alta, delgada, pelo castaño claro, ojos claros. Concluyen que es ella y que el asesinato ocurrió poco después de la muerte de Elena.


Luego Amparito cuenta lo que había averiguado Rosa: que el doctor De Bilbao sí tuvo un geriátrico de lujo en Beccar llamado La Casa del Sol, y que ahora, ya retirado y con más de ochenta años, vive allí mismo porque está enfermo. También le dice que la directora es su esposa, bastante más joven, y aclara que toda esa información la obtuvo gracias a una vecina de la hermana del doctor, con quien Rosa había hablado.



Inés piensa: aunque el doctor fuera culpable, ¿qué podrían hacer ahora, tantos años después, con un hombre tan mayor? 

Amparito le muestra lo que ella misma averiguó revisando una lata llena de papeles viejos. Dentro encontró la tarjeta de la confitería que atendió el casamiento de Don Emilio y María del Carmen. Gracias a esa tarjeta, obtuvo el apellido de María del Carmen: Lima, un dato clave.


Amparito cuenta que revisó la guía telefónica de la provincia y llamó uno por uno a todos los “Lima” que aparecían en Balcarce, la ciudad natal de María del Carmen. Agrega que habló con el sobrino de María del Carmen, quien le aseguró que la mujer está viva, que se volvió a casar, recorrió el mundo y ahora volvió a vivir en Buenos Aires. También le comentó que el hermano de María del Carmen sigue con vida. Eso sí, aclara que el sobrino no quiso darle el número de su tía, aunque prometió pasarle el mensaje.


Inés y Amparito revisan luego la guía de Buenos Aires, pero la única “Lima, María C.” que aparece es “María Cristina”, no la que buscan. Entonces concluyen que la única pista segura por ahora es el geriátrico del doctor De Bilbao, y deciden que deberán visitarlo.



Capítulo 12

Inés visita el geriátrico La Casa del Sol, donde vive el doctor De Bilbao, y se hace pasar por estudiante de periodismo que investiga la historia de la casona de Bolívar y Caseros.


Cuando llega, queda sorprendida por el lujo del lugar: una mansión blanca impecable, jardines perfectos y ancianos sentados bajo una pérgola jugando a las cartas.  Cuando intenta entrar, un cuidador no la deja, pero Inés insiste y él le avisa a la directora.


Finalmente, la esposa del doctor —la licenciada María De Bilbao— acepta recibirla. La mujer es extremadamente bella y elegante. La recibe en su despacho. Inés repite su historia inventada: un taller de periodismo, una revista barrial, la historia de la casona, el supuesto suicidio de Elena. María escucha con atención, pero dice que no puede ayudarle porque todo eso ocurrió antes de que conociera a su marido en Mar del Plata. Le recomienda hablar con vecinos viejos del barrio y da por terminada la reunión. Antes de irse, incluso le ofrece llevarla en auto hasta el centro.


Cuando María sale para prepararse, Inés vuelve a entrar al geriátrico para espiar. El patovica está afuera leyendo el diario, así que aprovecha y entra al pasillo que había visto antes. Investiga y encuentra una habitación, la del doctor De Bilbao, quien está sentado de espaldas, en una silla de ruedas, recortando fotos de personas —sobre todo mujeres y niñas. El médico la mira, sonríe, y vuelve a recortar. Inés ve que colecciona esas figuras y arma una especie de collage. 

Inés recorre la habitación aun sabiendo que es arriesgado y nota la música clásica, el televisor, la biblioteca llena de álbumes de viajes —casi todos con fotos de la esposa posando en distintos países y muy pocas de él—, y le llama la atención que en todas las imágenes la mujer parece exactamente igual, como si no hubiera envejecido.


Finalmente encuentra el álbum del casamiento del doctor y su esposa: fotos solo del civil, en blanco y negro, sin ceremonia religiosa ni vestidos lujosos. El casamiento parece de hace décadas, unos años antes que el de los padres de Inés. La esposa luce muy parecida a ahora; el doctor, en cambio, muestra claramente el paso del tiempo.

Capítulo 13

Esa misma tarde, Inés va al Rawson a contarle todo a Amparito, cómo entró a escondidas y lo que vio en la habitación del doctor. Amparito escucha en silencio, sin mirarla, cosiendo sin parar. Cuando Inés termina, Amparito concluye que el doctor está completamente perdido en su propio mundo y que no podrán obtener nada de él. Agrega que quizás la esposa del doctor sí sepa algo, aunque no haya querido decirlo.


Inés comenta que la mujer parece mucho más joven que su mamá, aunque el casamiento que vio en las fotos le pareció extraño: parecía antiguo, como si perteneciera a otra época. Amparito le pide detalles y juntas repasan lo que vio Inés en el álbum: fotos del Registro Civil, blanco y negro, el doctor en traje, la mujer con vestido corto y sombrerito. Algo en el estilo parecía desfasado, pero Inés no sabe por qué.


Al volver a su casa, Inés revisa las fotos familiares guardadas en una caja: imágenes de sus padres desde que eran chicos, fotos de novios, del casamiento y de la luna de miel. Se fija especialmente en las fotos del casamiento de sus padres en el Registro Civil. Allí ve el vestido de la testigo, Lucía, que le llegaba casi hasta la rodilla y le pregunta a su mamá por qué era tan largo. Su madre aclara que en los años setenta no se usaba la minifalda, que recién volvió en los ochenta. Esa aclaración deja a Inés pensativa: si el vestido de la esposa del doctor parecía de otra época, quizá realmente lo fuera.


Al día siguiente, Inés va a la tienda de ropa antigua donde había comprado el vestido de Elena. Allí encuentra un vestido muy parecido al de la esposa del doctor y también un sombrerito casi idéntico. Pregunta a la vendedora de qué época son, y ella responde: “De mediados de los sesenta. Estilo Courrèges.”


Ese dato descoloca a Inés: si en los sesenta su mamá era chica, ¿cómo podía la esposa del doctor —que parece ser mucho más joven que su madre— estar usando en su casamiento un vestido de los años sesenta? Algo no encaja. 



Capítulo 14

Después de comer y secar los platos, Inés llama a Amparito, pero le dicen que está en el club de jubilados. Va hacia allá a las cuatro de la tarde. En el patio del fondo encuentra a Rosa removiendo la tierra y a Amparito lavando el piso. Inés les cuenta que no averiguó nada concreto, pero que tiene dudas importantes.


Les explica su descubrimiento: al revisar las fotos del casamiento de sus padres del año 1975, notó que la testigo mujer llevaba un vestido casi hasta la rodilla, lo cual le llamó la atención. Su madre le aclaró que en esa época la minifalda ya no se usaba y recién volvió en los ochenta. Entonces Inés deduce que el casamiento del doctor De Bilbao no podía ser de los setenta, porque el vestido “Courrèges” que llevaba su esposa en la foto era claramente de mediados de los sesenta, confirmado por la vendedora de la tienda vintage.

Entonces, si la esposa del doctor parece tener unos cuarenta y pocos años ahora, en los años sesenta habría sido una nena. Pero la mujer del álbum de fotos del doctor, ella no era una nena, sino una mujer adulta. Algo no encaja.


Rosa no entiende: ¿cómo puede ser que la esposa del doctor se vea exactamente igual que en las fotos del casamiento si pasaron tantos años? Inés responde que eran idénticas, o casi. Amparito interviene: tal vez es simplemente una mujer operada, con suficiente dinero para mantenerse joven. Amparito guarda sus cosas y dice que quiere averiguar algunas cuestiones, pero está ocupada preparando una marcha de protesta de jubilados. Le promete a Inés que la llamará entre el día siguiente o el otro para continuar.



Capítulo 15

A los tres días, Amparito llama a Inés porque tiene información importante y le pide que vaya cuanto antes. Aprovechando que ese día le toca hacer las compras, Inés arma una excusa perfecta para ausentarse toda la mañana: deja una nota detallando un recorrido larguísimo, aunque en realidad piensa comprar todo en un solo lugar después de ver a Amparito.


Llega al Rawson y encuentra a Amparito en su habitación, con su caja de fotos y la lata donde guarda papeles. Dice que estuvo repasando todo lo que saben y llegó a una conclusión, pero antes quiere que Inés vuelva a describir a la esposa del doctor De Bilbao.

Inés la describe: alta, delgada, elegante, rubia, ojos grises, fría, hermosa.


Entonces Amparito le pide que recuerde la carta enviada desde España por la mujer que compró el vestido de Elena, y la descripción que esa mujer dio sobre la persona que estaba en la casa durante el remate. Inés repite: una mujer muy elegante.


Enseguida, Amparito le muestra la foto del casamiento de Don Emilio con María del Carmen, y le pregunta si la esposa del doctor De Bilbao se parece a ella. Inés, sorprendida, dice que no puede ser: la foto no deja ver mucho. Amparito sostiene que sí, que es la misma mujer.


Explica su teoría: María del Carmen Lima habría sido amante del doctor antes de la muerte de Don Emilio. Después, juntos habrían planeado matar al marido para quedarse con la fortuna. Luego, para no dejar cabos sueltos, habrían asesinado también a Elena y a Malú.

Años después, María del Carmen habría cambiado su identidad a “María de Bilbao”, adoptando un nombre más moderno y quedándose con el apellido de su nuevo marido.

Además, si tiene más de sesenta años —como indican las fechas y la ropa—, seguramente se hizo múltiples cirugías para parecer más joven.

Inés todavía no está completamente convencida, pero tampoco descarta la teoría. Le pregunta entonces qué hacen ahora. Amparito le dice que lo hablarán al día siguiente: está llena de actividades por la marcha de los jubilados.


Inés se va del Rawson, pasa por la feria de Constitución y compra lo necesario. Cuando llega a casa, se da cuenta de que se olvidó las costillitas de cerdo, justo lo que Juanjo necesitaba para la comida del día. 


Capítulo 16

A la mañana siguiente, Amparito vuelve a llamar a Inés. Le dice que llegaron al final de la historia, que ya es hora de “rematarla”, y le pide que vaya al Rawson a la tarde.

Inés imagina que se viene un “desenlace aburrido”, pero acepta. A las cinco y media aparece en el Rawson con medialunas, hablan de la marcha de jubilados, de la sensación de luchar sin saber si sirve, y Amparito suspira mirando su jardín. Finalmente dice: “Espero que valga, porque yo sigo.”


Después Amparito revela su plan para el “remate”: ambas deberán ir al geriátrico de Beccar y enfrentar directamente a la esposa del doctor De Bilbao —quien, para Amparito, es sin ninguna duda María del Carmen Lima— y decirle que saben toda la verdad. No podrán acusarla formalmente porque la muerte del padre de Elena pasó como una enfermedad, la muerte de Elena fue considerada un suicidio y la muerte de Malú quedó como una NN hallada en el Riachuelo. No hay pruebas y nadie pagará por esos crímenes. Pero al menos podrán mirarla a la cara y dejarle claro que el secreto ya no es secreto.

Inés está casi convencida de que la esposa del doctor es María del Carmen, aunque todavía con reservas. Para Amparito todo encaja: la edad, la ropa, las cirugías, el cambio de nombre, el apellido prestigioso… y la posibilidad de que hubiera sido amante del doctor antes del asesinato de Don Emilio.

Amparito dice que tiene que decírselo en la cara porque trabajó muchos años en esa casa, creyó conocer a esa mujer y ahora siente que descubrió un monstruo. Insiste en que Inés no tiene obligación de acompañarla, que puede ir sola. Pero Inés siente que la carta de Elena “le habló a ella”, que el caso también es suyo y se niega a dejar sola a Amparito.

Capítulo 17

Inés y Amparito llegan a la estación de Beccar y caminan en silencio hasta el geriátrico. En la entrada, el cuidador les niega el acceso otra vez y les exige pedir turno por teléfono, pero Amparito insiste en saber a qué hora volverá la señora De Bilbao. El hombre se niega a responder y les cierra la puerta.


Deciden esperar bajo la lluvia para ver cuándo llega. Cuando empieza a llover más fuerte, buscan refugio bajo un alero lateral y desde allí ven entrar un auto blanco polarizado, el auto de la señora De Bilbao. Amparito corre hacia la entrada, pero el patovica sale antes, cubre a la mujer con un paraguas y la hace entrar rápidamente, cerrando la puerta en la cara de Amparito. Ella reacciona tocando el timbre sin parar hasta que el musculoso finalmente les abre y las deja pasar.


Adentro y mojadas, esperan en el hall hasta que María De Bilbao las hace pasar a su despacho. Inés está empapada, así que le ofrecen una bata de toalla mientras secan su ropa; la mucama se la lleva y ella queda en el baño admirando lo impecable del lugar.

Cuando vuelve, y ya en el despacho de la dueña, Amparito comienza a contar la historia desde el principio: quién era Elena, su padre Emilio, la madrastra María del Carmen y el hermano de la madrastra; cómo murió el padre, cómo supuestamente se suicidó Elena, cómo trabajaba ella misma en esa casa. Luego le muestra a la señora De Bilbao la carta de Elena, la única evidencia que quedó.


María de Bilbao lee la carta varias veces, con expresión de máscara rígida. Luego dice que “no entiende”. Amparito reconstruye su teoría: la muerte del padre fue un asesinato; Elena también fue asesinada; Malú nunca recibió la carta porque el doctor la eliminó; todo fue un plan entre el médico, la madrastra (María del Carmen Lima) y su hermano. La fortuna quedó para ellos tres. Le dice que el doctor luego se casó con “María de Bilbao”, quien para Amparito es la misma María del Carmen.


María de Bilbao continúa negándolo, pero Amparito le exige que muestre su documento. La mujer finalmente se quiebra y admite la verdad: sí, es María del Carmen Lima. Dice que fue víctima de su marido, que él la obligó a seguir el plan, que Emilio sufría y lo único que hicieron fue “acelerarle la muerte”. Afirma no haber sabido nada sobre la muerte de Elena hasta mucho después, y culpa al doctor de todo, asegurando que él era violento, autoritario y capaz de cualquier cosa. Sobre Malú dice no saber qué pasó, que nunca le contó nada, y que jamás supo que estuviera involucrada.


Inés va a cambiarse al baño. Allí nota algo que antes había pasado por alto: la bata que usó tiene bordadas las iniciales M. L. (“María Lima”), un detalle que la deja desconcertada. Cuando vuelve, Amparito está terminando la conversación y se van sin seguir discutiendo. Ambas viajan en silencio hasta Retiro y luego hasta Constitución. Amparito solo alcanza a decir que se siente ridícula, que las lágrimas de María eran falsas y que ya no hay culpables vivos, ni justicia posible.


Inés regresa a su casa y pasa la tarde pensando. Recapitula todo lo ocurrido, especialmente la escena en el geriátrico. Al recordar la bata con las iniciales “M.L.” siente que algo no termina de cerrar. Entonces se da cuenta de lo importante es ese detalle: ¿por qué la bata de toalla tenía las iniciales del apellido que María supuestamente ya no usa?


Decide vover sola al geriátrico, pero antes le deja un mensaje a Amparito. Cuando llega, entra por la puerta de servicio para evitar al musculoso y se dirige a la habitación del doctor. Toma el álbum de casamiento y se acerca a la ventana para leer la inscripción dorada de la tapa. En ese momento entra una enfermera, que no la echa enseguida pero que sí va a buscar al patovica que la arrastra al despacho de la señora De Bilbao.


Allí, Inés revela lo que descubrió: en la tapa del álbum dice “Enlace de María Lucrecia Onetto y Ricardo de Bilbao”. Es decir: Malú, cuyo nombre real era María Lucrecia, es la mujer del álbum. No murió. No es la víctima del Riachuelo. Es la esposa actual del doctor.


Amparito, que aparece en ese momento, completa la acusación: la mujer que se ha presentado como “María de Bilbao” no es la madrastra de Elena, sino Malú, la amiga traicionada. Se ocultó bajo ese nombre durante décadas. Ella también fue parte del plan por omisión y delató a Elena cuando pidió ayuda.


María Lucrecia —Malú— se derrumba. Aduciendo inocencia, intenta explicar: afirma que no mató a nadie y que todo lo hicieron Ricardo y María del Carmen. Dice que quería a Elena pero que Ricardo le ocultó la verdad; que creía que estaba internada; que solo supo la verdad tiempo después. Se quiebra a medias, con una mezcla de negación, culpa y excusas.


Amparito la acusa de ser tan responsable como los otros: la acusa de haber traicionado a Elena, de haber delatado sus sospechas y haber permitido que la mataran. Malú no responde; queda como una estatua blanda, derrumbada. Inés y Amparito se van sin decir más. En el tren de regreso, Amparito le pregunta a Inés cómo se dio cuenta e Inés le explica el detalle de las iniciales bordadas “M.L.” en la bata, la sensación de que el álbum escondía la verdad, la inscripción del casamiento: María Lucrecia + Ricardo. Eso probaba que Malú estaba viva, llevaba años usando otra identidad y era la verdadera esposa del doctor.


Las semanas siguientes, Inés y Amparito siguen en contacto. Amparito encabeza la marcha de jubilados frente al Congreso, que llena de orgullo a Inés. Semanas después, Inés visita a Amparito. Caminan hasta la vieja casona de Caseros y Bolívar, que está siendo convertida en departamentos. La torre sigue allí, sin cúpula, ahora con maceteros en las ventanas. Inés piensa que quizás algún día escriba la historia de Elena.



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