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RESUMEN | ¡Socorro! 'La casa viva' de Elsa Bornemann

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La historia comienza presentando a la familia Alcobre, integrada por Juan y Claudia, un matrimonio joven, y sus hijos Marvin, de catorce años, y Greta, de doce. Una noche, mientras cenan en su departamento de la ciudad, conversan entusiasmados sobre una reciente compra: una casa de vacaciones ubicada en Villa La Resolana, un tranquilo paraje junto al mar. Todos están felices porque la vivienda resultó mucho más barata de lo que realmente valía. Los padres comentan sus características, mientras Greta y Marvin hacen bromas sobre la compra y preguntan cuándo podrán conocerla. Finalmente acuerdan viajar el viernes por la noche.


Cuando llega el día esperado, la familia emprende el viaje en automóvil. Los más ansiosos son los chicos, que sienten que los trescientos veinte kilómetros del recorrido se hacen interminables. Llegan al amanecer y descubren una casa hermosa. Es amplia, luminosa, completamente renovada, decorada con mucho gusto y situada prácticamente sobre la playa. Aunque parece nueva, en realidad fue construida a principios de siglo. Greta elige una habitación de la planta alta que posee un gran balcón-terraza con vista al mar. Durante todo el fin de semana los cuatro disfrutan de la playa, acomodan sus pertenencias y aprovechan el entorno. La vivienda está tan aislada y tan cerca del mar que les da la sensación de poseer una playa privada.

El domingo por la noche los padres deben regresar a la ciudad porque aún les queda una semana de trabajo antes de comenzar sus vacaciones. Marvin y Greta permanecerán solos durante cuatro días. Antes de partir, Juan y Claudia les dejan numerosas recomendaciones: no alejarse demasiado del mar, no salir de noche, alimentarse correctamente y mantenerse comunicados por teléfono. También les explican el funcionamiento del contestador automático que han instalado. Antes de despedirse, los chicos sorprenden a sus padres colocando un cartel de cerámica que ellos mismos hicieron. El cartel dice: “La casa viva”. El nombre les parece apropiado porque sienten que la vivienda los recibe como si siempre hubiera formado parte de sus vidas.


Esa misma noche comienzan a suceder cosas extrañas. Después de jugar a los dados hasta tarde, los hermanos suben a dormir. Mientras ascienden por la escalera, Marvin resbala inesperadamente. Greta logra sujetarlo y evita que caiga. Al revisar la causa del accidente descubren una vieja gorra marinera sobre un escalón. La gorra no pertenece a su padre y ninguno recuerda haberla visto antes. Además, parece una prenda antigua, de las que usaban los marineros muchos años atrás.


Más tarde, ya acostada, Greta escucha suaves pasos recorriendo su terraza. Convencida de que todo se debe a la impresión que le produjo el hallazgo de la gorra, decide comprobarlo por sí misma. Enciende las luces, corre los cortinados y observa la terraza. No encuentra absolutamente a nadie. Tranquilizada, regresa a la cama. Sin embargo, una de las mecedoras comienza a balancearse sola y continúa moviéndose hasta el amanecer. Mientras Greta duerme, unas pequeñas huellas descalzas aparecen en la arena debajo de su habitación y avanzan hacia el mar hasta desaparecer bajo las olas.

Al día siguiente los hermanos pasan la mañana en la playa. Marvin practica surf y Greta toma sol mientras lee una novela romántica. Después de quedarse dormida unos minutos, siente una caricia húmeda sobre la mejilla. Cree que es su hermano molestándola y protesta sin abrir los ojos. Sin embargo, la caricia continúa recorriéndole la espalda como si un dedo siguiera lentamente el contorno de su columna. Cuando abre los ojos para quejarse, descubre que Marvin está lejos, en el mar, sobre su tabla. Durante un instante cree ver la forma transparente de una mano juvenil que desaparece en dirección al agua. Asustada, llama a Marvin. Cuando finalmente él llega hasta la orilla, aparece herido y sin su tabla de surf. Explica que sufrió un accidente: la tabla se soltó, volvió impulsada por las olas y le golpeó violentamente la frente. Greta le cura la herida en la casa, aunque él minimiza el incidente.


Esa noche los padres llaman por teléfono y los chicos les aseguran que todo marcha perfectamente. Después de cenar juegan a las cartas hasta muy tarde y luego se van a dormir. Durante la madrugada, algo extraño ocurre en el cuarto de Marvin. Mientras duerme escucha un leve sonido, como hilos agitándose en el aire. De repente siente que una masa se apoya sobre su rostro y le impide respirar. Medio dormido intenta quitársela. Cuando despierta completamente descubre que se trata de una enorme cabellera rubia y ondulada que se mueve por sí sola. La cabellera se aleja flotando por la habitación y finalmente sale por la ventana en dirección al mar. Marvin, convencido de que la fiebre provocada por el golpe le está causando alucinaciones, decide guardar silencio y no contarle nada a Greta.


Durante todo el martes Marvin permanece enfermo en la cama y Greta se dedica a cuidarlo. Para entretenerse modela varias figuras de arcilla. La que más le gusta es un pequeño florero con forma de bota. Después las pinta y las deja secando sobre una mesa de mimbre ubicada en su terraza. Esa noche vuelven a hablar con sus padres y nuevamente les dicen que todo está bien.

El miércoles por la mañana Greta sale a caminar por la playa y regresa con una bandeja de desayuno para sorprender a su hermano. Cuando intenta entrar a la casa descubre que alguien parece impedirle abrir la puerta desde adentro. Empuja varias veces y llega a ver, por la cerradura, una tela rayada parecida a las mallas antiguas. Cree que Marvin le está jugando una broma. Finalmente logra entrar y, en ese momento, observa fugazmente el reflejo de un muchacho rubio vestido con traje de baño de otra época. La figura atraviesa las persianas y desaparece rumbo a la playa. Greta grita. Marvin aparece entonces en la escalera, recién levantado y sin entender qué sucede.


Durante el desayuno Greta le cuenta todo. Marvin intenta explicarlo racionalmente. Revisa el picaporte, le pone lubricante y le asegura que la silueta no fue más que una imaginación producida por las novelas románticas que ella lee constantemente. Sin embargo, aunque intenta mostrarse tranquilo, él también comienza a sentirse inquieto. Más tarde Greta le agradece haber llenado el florero de arcilla con caracoles y piedritas de la playa. Marvin, sorprendido, decide fingir que fue él quien lo hizo, aunque en realidad no sabe quién colocó esos objetos allí.


Por la tarde ambos bajan a la playa para juntar almejas y preparar una comida especial para cuando regresen sus padres. Al volver encuentran señales extrañas en la casa. Las paredes parecen estar transpirando como si fueran seres vivos. Los almohadones del sofá muestran marcas de alguien que estuvo sentado allí. En la escalera aparecen huellas que suben hacia la planta alta. Aunque buscan explicaciones razonables, ambos empiezan a sentir miedo.

Esa noche salen a caminar por la playa iluminada por la luna llena. Al poco tiempo escuchan claramente unas pisadas que los siguen a pocos metros de distancia. Se detienen, observan a su alrededor y comprueban que no hay nadie. Las pisadas continúan siguiéndolos hasta cerca del mar. Asustados, regresan corriendo a la casa. A la mañana siguiente observan en la arena las huellas de alguien que caminó detrás de ellos y luego se internó en el agua. Greta, aterrorizada, propone llamar a sus padres o regresar a la ciudad. Marvin la convence de esperar hasta el sábado, cuando ellos llegarán.

El resto del día transcurre con aparente normalidad. Los hermanos pasan horas en la playa y creen que la inquietud ha quedado atrás. Pero al regresar por la noche ocurre algo aún más extraño. Mientras Marvin se da un baño, Greta escucha el sonido del contestador automático indicando que acaba de grabarse un mensaje. Convencida de que es un llamado de sus padres, reproduce la grabación. Entonces oye la voz de un muchacho que repite lentamente: “Estoy enamorado de Greta. Amo a Greta. Quiero quedarme solo con Greta”. El mensaje continúa repitiéndose hasta terminar con un largo suspiro.

Greta supone que se trata de una broma de Marvin. Sube a su habitación y descubre que el teléfono está descolgado. Decide vengarse escondiéndose debajo de su cama para asustarlo cuando regrese. Pero al levantar la colcha y mirar debajo, descubre un par de pies descalzos, separados de cualquier cuerpo. Los pies salen corriendo de la habitación y bajan la escalera a toda velocidad. Greta grita desesperadamente. Marvin, que estaba duchándose, corre para ayudarla, se cae y se lastima una rodilla. Cuando ella logra contarle lo sucedido, ambos intentan escuchar nuevamente el mensaje grabado, pero ha desaparecido misteriosamente.


Aterrados, deciden dormir juntos en la habitación de Greta. Cierran todas las persianas y dejan las luces encendidas. Durante la madrugada escuchan timbrazos insistentes y golpes contra la puerta y las persianas. Creyendo que se trata de otra manifestación sobrenatural, bajan muertos de miedo. Sin embargo, descubren que son sus padres, que han adelantado el viaje porque durante todo el día anterior el teléfono de la casa estuvo dando ocupado. Greta y Marvin deciden no contarles todo lo ocurrido. Sólo mencionan algunos ruidos extraños. Esa misma noche, cuando Greta entra al baño, vuelve a ver el rostro del muchacho rubio reflejado fugazmente detrás de ella en el espejo.


Poco después toda la familia es despertada por ruidos provenientes de la cocina. Al llegar descubren que los azulejos de una pared se están desprendiendo solos y caen al suelo uno tras otro. Juan atribuye el problema a una mala reparación. Más tarde, mientras conversan sentados alrededor de una mesa, observan cómo aparecen grietas en el techo alrededor del ventilador. De repente el aparato se desprende y cae violentamente sobre la mesa. Los cuatro logran escapar segundos antes de que ocurra la tragedia. Juan se enfurece y promete reclamarle al arquitecto responsable de las reformas.

A la mañana siguiente el clima es excelente y deciden disfrutar del mar. Greta sale en kayak junto a su padre. Marvin se queda nadando cerca de la costa y Claudia descansa tomando sol. Cuando Greta se encuentra mar adentro, ve unos brazos surgir del agua y aferrarse a su embarcación. Poco a poco emerge un muchacho rubio de rostro hinchado, amoratado y labios violáceos. Greta reconoce inmediatamente al mismo joven que había visto reflejado en el espejo. El muchacho vuelca el kayak, la besa desesperadamente e intenta arrastrarla hacia las profundidades. Greta lucha por respirar mientras siente que se ahoga. Su padre nada hasta ella y logra rescatarla después de una feroz pelea.


Cuando llegan a la costa descubren que Claudia ha desaparecido. Sólo quedan la reposera, la revista y los anteojos de sol. Juan regresa con Greta a la casa y, al no encontrar a nadie, comienza a llamar desesperadamente a la policía, a los guardavidas y a los servicios de emergencia. En ese momento llega una ambulancia. Claudia baja llorando desconsoladamente. En una camilla transportan el cuerpo sin vida de Marvin. Los rescatistas explican que el muchacho murió ahogado después de recibir un golpe brutal con una tabla de surf. Greta reconoce inmediatamente la tabla: es la misma que su hermano había perdido varios días antes. La familia se abraza y llora devastada por la tragedia.

Al día siguiente abandonan la casa y regresan a la ciudad. La vivienda es puesta en venta por una cuarta parte de su valor real porque desean deshacerse de ella cuanto antes. Sin embargo, pasan cuatro años y nadie consigue venderla ni alquilarla. Entonces se revela la historia del lugar. Antes de los Alcobre, la casa había pertenecido a otras familias que también la abandonaron. Mucho tiempo atrás había sido construida por los Padilla. Allí vivía Gastón, un muchacho rubio de doce o trece años que murió ahogado frente a la casa pocos días después de que su familia la estrenara. Su abuela aseguraba que el espíritu del niño seguía vagando por el lugar.


Con el paso de los años, otras familias que ocuparon la vivienda afirmaron haber presenciado fenómenos extraños. Algunas estuvieron a punto de perder a sus hijas menores en el mar, mientras que los muchachos cercanos a ellas sufrían accidentes inexplicables. Los habitantes más antiguos del lugar cuentan que el espíritu de Gastón continúa allí. Otros aseguran que ningún fantasma puede descansar si murió antes de enamorarse o antes de que alguien se enamorara de él.


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